Las habilidades sociales no consisten en ser extrovertido ni en tener muchos amigos. Tienen que ver con poder relacionarse de una forma satisfactoria, expresar necesidades y sentirse razonablemente seguro con los demás.
Señales de dificultad social
Algunos niños o adolescentes evitan acercarse a otros, se quedan al margen, tienen conflictos frecuentes, no saben cómo iniciar una conversación o les cuesta interpretar bromas y normas sociales. Otros desean relacionarse, pero sienten mucha inseguridad o miedo al rechazo.
Es importante evitar etiquetarles como “tímidos” o “raros”. Estas etiquetas pueden hacer que se identifiquen con la dificultad y dejen de intentar nuevas experiencias.
Cómo favorecerlas en el día a día
Practicar en situaciones pequeñas. Saludar, pedir turno, hacer una pregunta o invitar a otro niño a jugar son objetivos concretos y alcanzables.
Hablar de situaciones reales. Después de un conflicto o una actividad social, puede ser útil analizar qué ocurrió, cómo se sintió y qué alternativas podría probar otra vez.
Enseñar a escuchar y expresar. Mirar a la otra persona, esperar turno, preguntar, decir “no me ha gustado” sin atacar o pedir perdón son habilidades que se aprenden observando y practicando.
Respetar su ritmo. Forzar a un niño a hablar o a participar cuando está desbordado no suele ayudar. Es mejor acompañar una exposición progresiva y reconocer cada avance.
Relaciones, autoestima y soledad
Las dificultades sociales pueden afectar a la autoestima, y la baja autoestima puede dificultar a su vez las relaciones. Puedes leer también sobre baja autoestima en adolescentes y soledad en adolescentes.
Cuándo pedir apoyo profesional
Es recomendable consultar cuando hay aislamiento persistente, rechazo escolar, conflictos repetidos, sufrimiento intenso ante las relaciones o dificultades que afectan al bienestar cotidiano. En Terapia y Aprendizaje trabajamos desde la psicología infantil y la psicología adolescente.