El trastorno por déficit de atención con hiperactividad, conocido como TDAH, puede afectar a la atención, la organización, la impulsividad y, en algunos casos, al nivel de actividad. Su presentación no es igual en todos los niños.
Algunos parecen muy inquietos o actúan antes de pensar; otros pasan más desapercibidos porque predominan los olvidos, los despistes, la dificultad para iniciar tareas o la sensación de estar “en las nubes”.
Señales que pueden hacer recomendable una valoración
Puede haber dificultades para mantener la atención, seguir instrucciones de varios pasos, organizar materiales, terminar tareas, esperar turnos, controlar impulsos o gestionar el tiempo. Para valorar un posible TDAH, estas dificultades deben observarse de forma persistente, tener impacto real y aparecer en más de un contexto, como casa y colegio.
Es importante no confundir una etapa de inquietud o una dificultad puntual con un diagnóstico. El sueño, la ansiedad, las dificultades de aprendizaje, un momento familiar complicado o problemas emocionales pueden producir señales parecidas.
Qué ayuda en el día a día
Rutinas visibles. Horarios, listas breves, calendarios y pasos concretos reducen la carga de tener que recordar todo mentalmente.
Instrucciones sencillas. Es preferible una indicación cada vez y comprobar que se ha entendido.
Tareas fragmentadas. Dividir un deber o una actividad larga en bloques pequeños, con descansos pautados, facilita la concentración y reduce el conflicto.
Refuerzo de los avances. Reconocer el esfuerzo, la organización o la capacidad de volver a intentarlo es más útil que centrarse únicamente en lo que falta.
La coordinación con el colegio
La comunicación entre familia, centro educativo y profesionales permite ajustar apoyos y evitar que el niño interprete sus dificultades como falta de capacidad. Las adaptaciones deben responder a sus necesidades concretas, no a una etiqueta.
Cuándo pedir ayuda
Es recomendable solicitar una valoración cuando las dificultades son persistentes, afectan al aprendizaje, a la autoestima, a la convivencia o a las relaciones sociales. En Terapia y Aprendizaje ofrecemos acompañamiento psicológico infantil y orientación familiar. También puede ser útil revisar la gestión de la frustración y las habilidades sociales.